10 años de amor y militancia, El mismo amor, los mismos derechos para todes los Argentines. La lucha continua...

16.07.2020

 A comienzos del siglo XXI el derecho a la unión conyugal fue cobrando peso dentro de la agenda internacional de organizaciones gay-lésbicas. En Argentina, el activismo supo introducirse en todos los frentes: proyectos legislativos, litigio estratégico y finalmente diálogo con un ejecutivo que había hecho de los derechos humanos una de sus banderas. Acordando con la politóloga Renata Hiller, estas demandas se albergaron en las instituciones de la democracia liberal republicana legitimándolas como espacios para la agonización del conflicto político-sexual. Son varios los hitos en esta historia: el reconocimiento de la unión civil en Buenos Aires (2002) y la presentación, traccionada por el socialismo, de proyectos de ley de matrimonios para personas del "mismo sexo" desde el año 2005 hasta su debate parlamentario en 2010. En 2007 comenzaron a extenderse los pedidos de amparos judiciales a partir de un caso que llegará a la Corte Suprema, el de María Rachid y Claudia Castro.


Tras ácidas desavenencias, para 2010 un proyecto de ley con media sanción parlamentaria contaba con el apoyo de su principal impulsora, la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT), la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), un sinnúmero de activistas, micro-grupos y un elenco de representantes político-partidarios. En el medio se discutió y mucho: ¿por qué reclamar una institución nodal del control de la sexualidad moderna? ¿Por qué no ir por una versión más secular como la unión civil? ¿Vamos aceptar la exigencia de fidelidad? ¿Sería estratégico postergar la adopción? ¿Nos entregamos a un proceso de normalización sexual? ¿Quién encabeza la marquesina? Finalmente la cuestión del amor y la responsabilidad parental, introducidos desde saberes psi, dieron brillo a la correctísima imagen de la pareja gay-lésbica. Pero la táctica que prevaleció fue el argumento de la igualdad: de "matrimonio gay-lésbico" pasó presentarse como "matrimonio igualitario". Este proceso de mutación discursiva fue clave para la aprobación de la ley. Bajo estos términos, el matrimonio no debía ser reservorio de heteros pero tampoco una demanda gay-lésbica sino un derecho para todos. Se asiste al paso de una demanda centrada en la diferencia a una posicionada críticamente en la igualdad. Aquí es cuando una superficie popular-kirchnerista se mostró favorable a alojar la protesta sostenida tras largos años por la FALGBT y aliadxs. En un clima conmemorativo por los doscientos años de la Revolución de Mayo, las organizaciones supieron digerir ese contexto bajo sloganes como "los mismos derechos con los mismos nombres" y "bicentenario con igualdad".

Este paso de una demanda particular a una popular permitió extender el tejido de alianzas, aceptación social y también reubicó el debate parlamentario. La fuerza de la igualdad se expresaba política pero también jurídicamente: el matrimonio debía ser un derecho para todos porque somos iguales en dignidad moral.

Desde su sanción el 15 de julio de 2010, se han celebrado 20.244 uniones de este tipo en el país sudamericano, precisó la Federación Argentina LGBT, uno de los principales impulsores de la norma, bajo el lema "los mismos derechos con los mismos nombres". En América Latina, el matrimonio igualitario es también legal en Uruguay y Brasil (2013), Colombia (2016) y una parte de México (2009).

Flor De La V también se expreso en su instagram y en el programa Corte y confección donde participa Un día para celebrar y para seguir luchando por políticas públicas que acompañen el crecimiento de una nación más humana, diversa e inclusiva. Diez años se cumplen de una Ley que otorgó igualdad de derechos. Argentina se convirtió en el primer país de Latinoamérica en garantizar legalmente el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo, y el décimo en el mundo. Hoy más que nunca hay que seguir comprometidxs trabajando juntxs para lograr la igualdad real para toda la ciudadanía promoviendo el respeto por los Derechos Humanos, por la diversidad, por la no violencia ni la discriminación. ¡Igualdad real!