Carlos Monsiváis: el escritor que no salió del closet porque no lo consideró necesario (y eso habla de las consecuencias de ser gay en un país machista)

18.08.2020

Monsiváis fue un destacado intelectual, escritor, activista y cronista mexicano durante más de 30 años. Siempre fue un defensor de las minorías: apoyó el movimiento estudiantil del 68, el movimiento feminista en México, la atención del VIH y el respeto a la diversidad sexual.

Gran parte de su literatura se enfocó en ello y en criticar el conservadurismo de la sociedad mexicana. Muchos de sus escritos, ensayos, crónicas, artículos hacían patente la doble moral, la demagogia de los políticos, a quienes cuestionó fuertemente, y lo cerrado del pensamiento del país del norte.

Monsiváis nunca se declaró públicamente homosexual. Según muchos de sus amigos, el autor temió ser encasillado. "El compromiso de Carlos con las causas minoritarias siempre fue patente y claro, pero no quería que se le juzgara porque su papel de intelectual era más amplio que las minorías sexuales, se ocupó de los indígenas, de la izquierda, de los derechos humanos, de la democracia, de la lucha civil. No quería que lo segmentaran como un escritor homosexual", afirmó Braulio Peralta, escritor mexicano autor de "El closet de cristal", crónica sobre Mosiváis publicada en Ediciones B. 

Pese a que nunca habló abiertamente sobre su homosexualidad, otra escritora mexicana, Marta Lamas, señaló que su familia y seres cercanos, e incluso la comunidad LGBT, lo sabían.

Sin embargo, no deja de ser paradójico -y grave- que el autor fallecido en 2010 debiera esconder su condición sexual por temor a ser encasillado. Y es que sus textos terminan explicando esta actitud. En este fragmento de una de sus notas del año 2007 queda claro: "La historia es un laberinto donde se producen pocos progresos y se mantienen muchos atavismos y prejuicios. El país entero constituye una geografía de disparidades, en la que algunos lugares son vivibles y otros sofocantes. Desde el escándalo de los 41 (que inicia lo que Monsiváis denomina "el registro histórico de los gays") hasta la irrupción del Sida, siempre habrá una historia a media voz, de marginales y sujetos borrosos, de comunidades densas, pero efímeras, de malos tratos y sarcasmos. La historia de México es también el relato de una persecución colectiva: a lo largo de la historia de México a los homosexuales se les quema vivos, se les lincha moral y/o físicamente, se les expulsa de sus familias, de sus comunidades y (con frecuencia) de sus empleos, se les destierra de las ciudades, se les encarcela por el solo delito de su orientación sexual, se les exhibe sin conmiseración alguna en los medios informativos, se les considera anatema, se les condena por su condición de víctimas o de enfermos. 'Por ser lo que son y de esa manera', el siglo XX les deparó a los gays dosis generosas de vandalismo judicial y policial, razzias, extorsiones, golpizas, muertes a puñaladas o por estrangulamiento, marginación laboral, abominación de las familias, choteos rituales... en síntesis, los procedimientos de la deshumanización". La consecuencia de eso es lo que Monsiváis llamó el infierno de los homosexuales: "un infierno consistente en las búsquedas de sexo rápido, desprecio y acoso social". Y también, un infierno donde no hablar de la sexualidad propia por temor a ser encasillado.