Chavela Vargas: “qué bonito y qué privilegio haber nacido mujer”

21.08.2020

Chavela Vargas no se llamaba Chavela ni era mexicana. Pero su nombre estará siempre ligado a la historia musical de Latinoamérica, además de ser una de esas mujeres fuera de serie.

 "Pregúntame lo que quieras, pero no de dónde vengo sino a dónde voy", decía Chavela en un documental. Provocadora, fuerte y débil a la vez, necesitada de amor y de independencia fue la suya una vida compleja, regada de tequila y desesperación.

Su nombre era María Isabel Anita Carmen de Jesús Vargas Lizano. Había nacido en 1919, y desde los 8 años cantaba en casa y en la escuela. Provenía de una familia religiosa con demasiados prejuicios, que la escondía por su extraña forma de comportarse y de vestir. Cuando el matrimonio se separó, la joven Isabel se fue a vivir con sus tíos. Chavela Vargas se trasladó a México a sus 17 años. Ya entonces iba a contracorriente de lo que se esperaba de una mujer: vestía como un hombre, fumaba cigarrillos, bebía mucho, iba armada y era reconocida por su característico sarape rojo. Pero fue recién a los 81 años, en una entrevista para la televisión, que confesó que gustaba de las de su mismo sexo.​ En una sociedad machista, prefirió callar, a pesar de que su repertorio lo decía todo. Dijo una vez: "Si hubiera dicho que me gustaban las mujeres, habría sido marginada".

Sin embargo, intentó amoldarse. Un día de los años '40, se soltó el pelo, se maquilló y subió a un escenario. Pero tropezó tantas veces, que salió del escenario, se puso un pantalón (algo poco usual en la época), un poncho y volvió. El público enmudeció. Su presencia y su talento eran arrolladores. Con el compositor y cantante José Alfredo Jiménez formó pareja musical y de fiestas. Cantaban, se divertían y bebían tequila hasta caer desplomados.

Actuaban en clubs y cabarets, nunca en grandes teatros. A través de un amigo pintor conoció a Frida Kahlo y presintió que "podía amar a esa especie de golondrina que no era de este mundo (VER NOTA). En los años 50 debutó en Acapulco en un local donde iban actores de Hollywood. Cantó en la boda de Liz Taylor y Mike Todd y amaneció junto a Ava Gardner. "He amado mucho", confesó una vez. 

También sufrió mucho. Su adicción al alcohol la apartó del público y dejaron de contratarla. Sin dinero y sola cayó en el olvido; bebió sin parar y vivía de la caridad de sus amistades. En 1988 conoció a Alicia Pérez Duarte, una joven abogada con la que mantuvo una intensa relación amorosa que no terminó nada bien por culpa de su severo alcoholismo. La abogada afirmó tiempo después que sufrió la violencia de la cantante. 

Ya sobria, regresó a Ciudad de México para actuar. Un empresario español la ficha para cantar en la sala Caracol de Madrid y en la capital española escribe la segunda parte de su carrera. Pedro Almodóvar ejerce de padrino y amigo. Su voz le había hecho llorar tantas veces que no se atrevía a conocerla. Pero lo hizo y se convirtieron en íntimos. Ella hizo la banda sonora de algunas películas del manchego y él hizo todo lo posible para que actuara con un lleno absoluto en el Olympia de París. 

Luego vinieron los problemas de salud, la silla de ruedas y las ganas de morirse sobre las tablas. En la Residencia de Estudiantes de Madrid ofreció su última actuación. Murió a los 93 años.  Chavela estaba orgullosa de ser mujer. "Me llamo Chavela Vargas. No se les olvide", decía a su público este espíritu libre y atormentado que nunca se doblegó a pesar de todo.