'DISCLOSURE', el documental de Netflix que muestra la lucha trans en Hollywood

24.08.2020

Este documental analiza la representación de la comunidad trans en el audiovisual norteamericano, criticando la falta de referentes y la discriminación que ha provocado. Disclosure combina para exponer cada argumento las escenas de las cintas y series a las que remite, poniendo aun más evidencia el mal que se ha cometido sobre el colectivo a la hora de llevarlo a la pantalla. Y también, los avances conseguidos que llevan a esperar un futuro cada vez más justo.

"Me pregunto si al crear estas historias alguien pensó en el público trans". Un estudio de GLAAD, la principal asociación de Estados Unidos en defensa de los derechos de las personas LGTBIQ, reveló que el 80% de la población del país no conoce ni ha tenido contacto con ninguna persona trans. Un dato que afecta tanto a los que no lo son, como a los que sí, ya que ambos grupos han tenido que recurrir a los medios para saber qué es ser trans. Y en cómo los medios, incluidos televisión y cine, han representado a esta comunidad, pone el foco el documental Disclosure: Ser trans en Hollywood.

¿Cómo vemos la transexualidad en pantalla? En general, poco y mal. El documental hace un gran trabajo en contextualizar ciertos aspectos de esta representación. Por ejemplo, el hecho de que la mayoría de los papeles que ocupan son de prostitutas. Es cierto que muchas mujeres trans se ven abocadas al trabajo sexual, principalmente porque sufren una gran discriminación en el acceso a los puestos de trabajo y eso ha provocado que tengan una tasa de desempleo tres veces más alta que la media nacional en Estados Unidos. Pero todo este contexto sobre la precarización vital que vive la comunidad se pierde por el camino, y lo único que llega a nuestras ficciones es la imagen automática y estigmatizadora de la prostitución trans. Actrices como Jazzmun explican cómo han sido terriblemente encasilladas en la industria, reducidas a aparecer muertas en un callejón oscuro en la serie de intriga de turno o a servir de atrezzo en alguna esquina buscando clientes por cuatro duros la hora. Un tópico que se repite sin contexto se convierte, para muchos espectadores, en una realidad.

Tras encasillarlas en una profesión determinada, las personas trans también han tenido que convivir con la idea de que su existencia es motivo de burla y sus cuerpos generan asco. Particularmente infame es el ejemplo que dio en su día 'Juego de lágrimas', todo un éxito de taquilla en 1993 gracias a una campaña de marketing en la que se apelaba a no revelar el gran secreto de la trama: una escena en la que el protagonista (Stephen Rea) descubre que la mujer de la que se ha enamorado es transgénero y tiene pene. Su reacción quedará para siempre como un ejemplo terrible del maltrato de las personas trans en el cine: Rea vomitando en el baño absolutamente asqueado por lo que ha visto. Esos vómitos se repetirán en películas como 'Ace Ventura', 'Resacón 2 ¡Ahora en Tailandia!', 'Padre de familia' o 'Aterriza como puedas 33 1/3', creando un patrón de conducta en pantalla que no solo nos enseña que la reacción natural a un cuerpo que no entra en nuestros moldes sociales es censurable, sino también que es un "secreto" que debe ser escondido a toda costa. Por otro lado está la visión de lo trans como demente o enfermo, que vemos en películas como 'Vestida para matar' o 'El silencio de los corderos', grandes películas con una representación terrible de la comunidad.

Los títulos policíacos y de hospitales no han puesto demasiado de su parte a la hora de perpetuar la visión de las personas trans como "víctimas". Disclosure expone cómo en ellos las personas de la comunidad tenían dos opciones, bien ser la persona asesinada por ser transgénero (en ejemplos como CSI o Caso abierto); o llevadas a urgencias porque las hormonas para el cambio de sexo han tenido el efecto adverso de matarles, e incluso provocarles un cáncer. Algo que, en la vida real, no pasa. Otra de las películas señaladas en esta línea es Boys don't cry, por la que Hilary Swank ganó el Oscar a Mejor actriz en 1999, por interpretar a un hombre trans que acaba siendo asesinado brutalmente.

"Cuando lo vi pensé, Dios mío, voy a morir" o "no quería que eso me pasara", son algunas de las reacciones que reconocen que sufrieron algunos de los hombres trans a los que se da voz en la película como Zeke Smith, Brian Michael Smith y Tiq Milan. Y es que si en algo destacada la cinta de Netflix es la cantidad de perfiles a los que se ha detenido a entrevistar y preguntar por su propia experiencia y percepción de su propia representación. Los hombres trans, por su parte, han sido mucho menos tenido en cuenta. "No somos tan reconocibles, no existen porque no se les reconoce", explican. Al tiempo que se contrapone cómo "las mujeres, incluidas las trans, son un recurso más comercial" y sobre el que se "refuerzan los estereotipos patriarcales de las mujeres". Aquí entra en juego su explotación en los platós de televisión, algo que los Javis mostraron en el primer capítulo de Veneno contando la intrahistoria sobre cómo consiguieron convencer a Cristina para que acudiera al programa Esta noche cruzamos el Mississippi. Sumado a la innecesariamente repetida pregunta de "¿pero entonces, donde tienes el pene?" y la obsesión por dar a conocer todos los detalles sobre la cirugía.

Candis Cayne (Dirty Sexy Money), Rain Valdez (directora de Transparent), Zackary Drucker (productora y actriz de Transparent), Alexandra Grey (Empire), Tracey Lisette (Transparent), Sandra Caldwell (The Cheetah Girls), Alexandra Billings (Transparent) son otros de los nombres que hablan en Disclosure, y que también insisten en que el objetivo no es que algunas de ellas y ellos sean elevados al olimpo de estrellas privilegiadas mientras el resto de personas trans siguen siendo discriminadas. Algo que apuntó Javier Ambrossi en su entrevista con Vertele con motivo del Orgullo 2020. "Los que tenemos voz debemos ser responsables y utilizarla", aseguró, "oblígate, mira quién trabaja contigo, quién está en tu equipo, quiénes son tus actores (...). ¿Estás ayudando a que dentro de 10 años las personas que trabajan contigo hayan subido en la escala social y sean jefes de departamento?". Y por ello insistió en que era un "reto estructural".