El archivo secreto de las historias de amor gay de Marlon Brando

18.09.2020

El voraz Brando no solo se alimentaba de mujeres, también de hombres. De hecho, no disimuló su lado femenino, con el que le gustaba coquetear en sus películas. Solo hay que recordar los amaneramientos de Fletcher Christian al inicio de Rebelión a bordo, su personaje bisexual en El último tango en París o su viejo pistolero travestido de señora en Missouri, y no digamos el reprimido y masoquista Weldon Penderton de Reflejos en un ojo dorado, pero en su vida vivió intensas historias con hombres.

Lo que no se perdió Brando fue la posibilidad de acostarse con otros hombres. Según confesó en 1976, tuvo "varias experiencias homosexuales". Y en ese rubro también mostró su predilección por los colegas. Cary Grant, Rock Hudson, James Dean y Laurence Olivier son algunos de los que pasaron por su cama. No es que fuera gay, sino que tenía un apetito sexual descontrolado, que lo llevaba a probar todo tipo de experiencias. Estar con cuatro o cinco mujeres al mismo tiempo se había vuelto algo común en determinado momento de su vida. Según él mismo contó en su autobiografía, ese desenfreno surgió como consecuencia de su primera gran decepción amorosa. Cuando tenía cuatro años, estaba profundamente enamorado de su niñera. Dormían juntos, ambos desnudos, y él la deseaba secretamente.

Uno de sus primeros amores masculinos fue con un hombre que también tenía la piel oscura. En la cafetería Hector´s, esquina de la Cuarta con la Séptima, Normal Mailer le presentó a James Baldwin. Marlon ya había conocido el sexo con hombres en la academia militar de Shattuck, concretamente con un adolescente llamado Steve Gilmore. Igual que a Moreno, lo destrozó cuando el chaval descubrió la cantidad de novias que compaginaba con su relación. Un conocido de Baldwin, el productor Quincy Jones, declaró recientemente: "Brando se follaba cualquier cosa. Se folló un buzón de correos, a James Baldwin, a Richard Pryor o a Marvin Gaye".

Además del atormentado y masoquista James Dean, otro torturado actor que se enamoró de Brando fue Montgomery Clift, alcoholizado por su reprimida homosexualidad. Su amor duró poco, aunque su amistad se prolongó hasta la prematura muerte de Monty. Brando, hedonista sin complejos, era incapaz de lidiar con los insoportables bajones del maniaco-depresivo actor. Los dos fueron las estrellas del cartel de El baile de los malditos, en cuyo rodaje Marlon espiaba a Monty para descubrir su técnica.

Otro gigante de la interpretación que quedó prendado de él fue Sir Lawrence Olivier. En 1946 el joven Brando deslumbró en la obra Antígona, que entusiasmó al shakesperiano actor, casado con Vivien Leight. El amanerado Olivier apareció en su camerino y le dijo: "Qué maravilla de representación. Soy el que se ha casado con Scarlett O'Hara". Cuando la también maniaco-depresiva Leight se enteró del romance gay de su marido, dijo: "¿Marlon Brando?, yo debería probarlo también". Cinco años después, y gracias a Un tranvía llamado deseo, Leight compartiría con Brando más que un plató.

Y de repente llegó el primer gatillazo. Preocupado, Brando viajó a París a desconectar del estrés de su oficio y conoció al director Roger Vadim, amante de Jane Fonda, con la que el actor trabajó en La jauría humana. Emborrachándose y esnifando cocaína por el Barrio Latino, Brando conoció a dos jóvenes franceses: los actores Christian Marquand (El día más largo) y Daniel Gélin (El hombre que sabía demasiado), íntimos de Jean Cocteau. El trió llegó a oídos de Capote y los admiró en la distancia. Le llegó a decir a su amigo Tennessee Williams, enamorado de Brando de forma obsesiva: "Eran tan jóvenes, tan bellos y tan incapaces de disimular su amor, que me conmovían".

Brando se veía con Christian (nombre que Brando dio a su hijo) por el día y con con Daniel por la noche. Y para colmo, acabaría compartiendo película y desnudos con la hija ilegítima de Daniel, Maria Schneider, protagonista de El último tango en París. Además, Marquand aparecería (más bien desaparecería en la sala de montaje) en Apocalypse Now, en la escena eliminada de la plantación francesa.

Fue el propio Brando el que desveló sus tres amores masculinos: "Solo he amado a tres hombres en mi vida: Wally Cox, Christian y Daniel. Todos los demás fueron barcos que pasaron en la noche". El tercero, el tal Cox, fue una figura esencial en la vida de Brando. Compañero de cuarto, Wally Cox creó a Brando porque fue quien le dijo que dejara de holgazanear, se centrara y estudiase interpretación con la famosa Stella Adler, con quien Brando, sorpresa, también se acostó. También con su hija. Cox, que fue conocido por sus gafas y sus pintas de empollón, era en el fondo un tipo físicamente fuerte, excursionista y amante de las motos. Murió demasiado joven por un ataque al corazón. Brando, desolado, apareció sin avisar en su velatorio para decir unas pocas palabras. Al morir Brando, las cenizas de Cox se mezclaron con las de su mejor amigo y fueron esparcidas en el Valle de la Muerte. Un final precioso. Marlon Brando sería lo que hoy conocemos como heteroflexible. No era homosexual, pero no le importaba mantener sexo con hombres en busca de su placer.