LA ISLA GAY CREADA POR EL FASCISMO EN ITALIA

19.07.2020

En 1938, hace 83 años, en la Italia fascista de Benito Mussolini, un grupo de hombres gay fueron llamados "degenerados", expulsados de sus hogares e internados en una isla, donde se los mantuvo bajo un régimen carcelario. Algunos de ellos, sin embargo, vivieron como una experiencia liberadora la vida en esa primera comunidad italiana abiertamente homosexual.

La Isla de San Domino es una isla italiana parte de la archipiélago de las Islas Tremiti (o Diomedee) en el Mar Adriático. En la década del 30 esa isla sirvió al plan de los fascistas de Benito Mussoilini de reprimir la homosexualidad.

"El fascismo es un régimen viril. En ese contexto, los italianos debían ser fuertes, masculinos y es imposible que pueda existir la homosexualidad en un régimen fascista", dice el profesor de historia de la Universidad de Bérgamo, Lorenzo Benadusi. Así que la estrategia fue esconderlo lo más posible. No se promulgaron leyes discriminatorias, pero se creó un clima en que las exhibiciones abiertas de homosexualidad se reprimían vigorosamente. Un prefecto de la policía de la ciudad siciliana de Catania aprovechó el máximo ese estado de cosas. "Notamos que muchos bailes, playas y lugares en las montañas reciben a muchos de estos hombres enfermos, y que jóvenes de todas las clases sociales buscan su compañía", escribía. Decía que estaba decidido a terminar con la "propagación de esta degeneración" en su ciudad "o al menos contener semejante aberración sexual, que ofende la moral y que es desastrosa para la salud pública y la mejora de la raza".

Así que en 1938, en Catania, fueron detenidos unos 45 hombres que se creía eran homosexuales y enviados al exilio interno. Terminaron en la isla de San Domino. 

Se cree que ninguno de los que sufrieron este castigo sigue vivo, y hay pocos relatos detallados de qué sucedió allí. Pero en el libro "La Isla y la Ciudad", los investigadores Gianfranco Goretti y Tommaso Giartosi mencionan a decenas de hombres, no todos de Catania, enfrentando duras condiciones en San Domino. Llegaban esposados. Luego eran ubicados en grandes y espartanos dormitorios, sin electricidad o agua corriente. "Nos daba curiosidad porque los llamaban 'las niñas'", dice Carmela Santoro, una isleña que era apenas una niña cuando los exiliados empezaron a llegar. "Íbamos a verlos bajar del bote, vestidos en verano con pantalones blancos, con sombreros". Otro isleño, Attilio Carducci, recuerda cómo a las 8 de la noche, todos los días, sonaba una campana que señalaba el momento en que ya no podían salir. "Quedaban encerrados en sus dormitorios, vigilados por la policía", dice. "Mi padre siempre hablaba bien de ellos. Nunca tenía nada malo que decir de ellos, y él era el representante local del fascismo".

Sin embargo, por primera vez en sus vidas estos hombres fueron puestos en un lugar donde podían ser ellos mismos, libres del estigma que normalmente los acompañaba en la devota Italia de los 30. Una excepcional entrevista con un veterano de San Dominio sólo mencionado como Guiseppe B., publicada hace muchos años en la revista gay Babilonia, da a entender lo que esto significaba para los exiliados. Giuseppe B. decía allí que de algún modo ellos estaban mejor en la isla. "En ese entonces si eras una femmenella (una palabra del argot italiano para hablar de hombres gay) no podías ni siquiera salir de casa, hacerte notar; la policía te arrestaría", decía sobre su ciudad natal, Nápoles. "Por el contrario, en la isla celebrábamos el día de nuestros santos o la llegada de alguien nuevo... Hacíamos teatro y podíamos vestirnos como mujeres y nadie decía nada".

Algunos prisioneros lloraron, recordaba Guiseppe, cuando el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939 marcó el fin del régimen de exilio interno en San Domino y los hombres debieron regresar a una suerte de arresto domiciliario en los lugares de donde provenían.

NOTA ORIGINAL DE LA BBC