"No vuelvas a casa, te matarán por ser gay"

16.08.2020

La traumática experiencia de un joven que tuvo que huir de su país donde la homosexualidad es ilegal

Era el comienzo de una calurosa tarde de verano en 2019 y el intenso calor agobiaba a Mohamed, de 20 años, mientras recorría los callejones de Hargeisa. La ciudad estaba adormecida, por lo que era el momento perfecto para pasar inadvertido. Secretamente, Mohamed iba a la casa de su novio, Ahmed, un acto castigado con prisión y, a veces, hasta con la muerte en ese rincón de África oriental.

Hargeisa es la capital de la autodeclarada República de Somalilandia, que se separó de Somalia hace casi 30 años. Allí los tribunales hacen cumplir la sharia, la ley islámica, que considera la homosexualidad como ilegal, lo que obliga a la comunidad LGBTIQ somalí a ocultar su sexualidad y vivir con el miedo a ser expuestos. 

Ese día, como ya era costumbre, Mohamed y Ahmed iniciaron un momento romántico a puerta cerrada. De repente, la hermana de Ahmed entró inesperadamente en la habitación. La joven comenzó a gritar inmediatamente, despertando a toda la casa, y en cuestión de minutos, Mohamed salió por la puerta y se escondió en la casa de un amigo, donde recibió una llamada telefónica escalofriante de alguien que buscaba ayudarlo: "No vuelvas a casa, se están preparando para matarte".

LA DIFICIL VIDA DE MOHAMED

"La primera vez que me di cuenta de que había algo confuso sobre mi sexualidad, sobre mi deseo, sobre los géneros que me gustan y los que no me gustan fue cuando tenía 4 o 5 años", cuenta Mohamed. Cuando era joven compartía una habitación con sus hermanos mayores y primos. Por las noches discutían sobre chicas durante conversaciones en la cama y luego le preguntaban deliberadamente: "Entonces, ¿cuál es tu parte favorita del cuerpo de una chica?". "Fue entonces cuando supe que era diferente", dice.

Mohamed se volcó en el maquillaje y la belleza, prefiriendo pasar tiempo con sus hermanas en lugar de con sus hermanos. A menudo se probaba sus vestidos y, después de ser sorprendido por tercera vez, su madre sintió que tenía que actuar. Le ordenó a su hermano mayor que le enseñara ciertos pasajes del Corán y de su escritura complementaria, compuesta de dichos del profeta Mahoma.

"Mi hermano me dijo que estaba enojando a Dios: 'Te va a maldecir. Está planeando que te vayas al infierno en el más allá'", recuerda Mohamed. "Tenía 10 años, no podía soportarlo. Solía ​​despertarme en medio de la noche sudando y gritando: '¡Ayúdenme! ¡Sálvenme de Dios, me va a quemar en el infierno!'".

Por un tiempo, Mohamed trató de satisfacer a su familia y comportarse como los otros niños. "Pero después de todo, no puedo parar algo que me gusta", dice Mohamed. "Y yo era joven. Cuando las personas son jóvenes, olvidan las cosas rápidamente". Finalmente, cuando Mohamed tenía 12 años, su madre lo envió a un "centro de rehabilitación".

La familia de Mohamed creía que su comportamiento afeminado se debía a que estaba poseído por un espíritu femenino, o maligno, y el personal del centro aseguraba que lograría expulsarlo de su cuerpo. Todos los días le enseñaban cómo comportarse como un hombre tradicional. Le enseñaban a caminar y a hablar, y lo obligaban a jugar al fútbol con otros pacientes, algo que siempre evitaba si podía. Esto era acompañado por lecturas diarias de textos islámicos. Al cuarto día, los "salvavidas" comenzaron a abusar sexualmente de Mohamed. "Solían violarme a medianoche, y a veces venían en grupo", recuerda Mohamed. La violación era común en el centro y cometida tanto por los pacientes como por el personal, dice.

Después de ser dado "de alta" en el centro, Mohamed aprendió a ocultar su orientación sexual durante la mayor parte de su adolescencia. Pero todo cambió cuando conoció a Ahmed gracias a un grupo secreto de chat en línea para somalíes gay. Entonces, ambos encontraron consuelo a puerta cerrada.

EL ESCAPE

Después de escapar de la casa de Ahmed y tras enterarse de que su familia se estaba preparando para matarlo, Mohamed comenzó a planear su huida. Las opciones son limitadas y una de las pocas salidas es gastar miles de dólares en el mercado clandestino comprando pasaportes falsificados. Así escapó Mohamed. Un ayudante obtuvo los documentos necesarios en un par de días, dándole instrucciones para encontrarse con una persona en el aeropuerto de Hargeisa. Eligió Malasia como destino, porque ese país otorga visas de turista a la llegada. Pero la vida como solicitante de asilo somalí en Malasia es dura, y además la homosexualidad también es ilegal ahí. La situación financiera de Mohamed es inestable; como Malasia no firmó la Convención de Ginebra, él no tiene derecho a trabajar. También le preocupa que su familia pueda encontrarlo, obligarlo a regresar a Hargeisa y asesinarlo. Tengo la esperanza de que algún día pueda ir a otro lado, tal vez Europa, tal vez a Estados Unidos", dice Mohamed. Él no sabe lo que le pasó a Ahmed, su pareja. Todos sus intentos por contactarlo han fracasado.

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